Empieza un nuevo curso, para mí, uno de los momentos más importantes del año. Y, antes de iniciar nuevos proyectos, toca repasar el curso anterior y ver si merece dar continuidad a lo que veníamos haciendo. Porque la vida es eso: un cambio continuo. Un movimiento perpetuo que decía Monterroso.
La vida no es un ensayo, aunque tratemos muchas cosas; no es un cuento, aunque inventemos muchas cosas; no es un poema, aunque soñemos muchas cosas. El ensayo del cuento del poema de la vida es un movimiento perpetuo; eso es, un movimiento perpetuo.
Por mucho que nos gustaría, la vida y la ficción no se parecen en nada. Por supuesto que hay momentos en la vida que suponen un antes y un después (lo que en la ficción serían los puntos de giro), pero la mayoría no suceden de la noche a la mañana. El cambio se estaba gestando en nuestro interior y/o a nuestro alrededor sin que nosotros nos diéramos cuenta. No estábamos atentos. O era imposible que lo percibiéramos. Y ¿de repente? la urbanización donde vivo ya no es ese lugar tranquilo y silencioso del que escribía en Diario de un positivo. No, claro que no. Este agosto, al releerme allí perdido en un rincón de Oza, según bajas de la iglesia la última casa a la izquierda, era consciente de todo lo que hemos perdido. Porque el COVID, el confinamiento, supuso ese antes y después para muchas personas. Personas a las que se les subía una burrada el alquiler en Málaga y decidían probar en un chalé con patio. En aquella época éramos 50 familias en la urbanización. Hoy somos más de 250, han construido más viviendas alrededor y siguen construyendo. En el pueblo y alrededores, donde antes había un descampado, han levantado un chalé o plantado mangos. Multiplica esto por todos los pueblecitos de la zona este, la menos masificada de la provincia de Málaga, “donde la Axarquía se besa con el Mediterráneo”, y el resultado es ruido, mucho ruido, problemas de aparcamiento, atascos para Lau en su entrada a Málaga todas las mañanas. Para nosotros ha supuesto una pérdida de calidad de vida. Para los que vivían aquí de siempre es mucho peor. No reconocen el pueblo. También hay los que ven una oportunidad de negocio. Porque solo piensan en eso, en el negocio, en ser los más ricos del cementerio.
Y aquí estamos, inicio del curso 2026-27, con una temperatura máxima cinco grados superior a la media histórica, buscando un bosque donde refugiarnos, un acechadero, un rincón donde seguir estudiando, conociéndonos y progresando (¿no es eso la vida?) en calma y tranquilidad, sin vecinos ruidosos que organicen fiestas hasta la madrugada, alquileres vacacionales, sin miedo a que los gatos salgan de nuestro jardín y no regresen porque alguien les ha dado una patada, secuestrado, envenenado o las tres cosas. En realidad, si nos queremos mudar es por ellos. Para que los gatos, Simba y Piter, campen a sus anchas y se enfrenten a rivales de su categoría como jabalíes o zorros, puedan correr entre gallinas o destrozarnos el huerto, otro de nuestros sueños que aquí nunca conseguiremos.
Como echo de menos los árboles. Y el verde. Quizá por eso haya sido el color que hemos elegido para la reforma de la cocina. Hoy puedo decir que estoy dispuesto a cambiar el mar por el bosque (aunque tenga un 50% de eucalipto). Falta por desvelar la incógnita de la lluvia. Y entonces conoceremos nuestro próximo destino. No es un mal proyecto para el nuevo curso en el que pienso seguir durmiendo lo necesario y a sus horas, alimentándome saludable y variado, practicando ejercicio todos los días (yoga con Jorge, correr 10K, gimnasio con Lau, caminatas…), con atención plena, estudiando piano y ayurveda, leyendo libros que me enseñen a hacer todavía mejor todo lo anterior y escribiendo artefactos, relatos por entregas o novelas con una mirada crítica a la situación actual y, siempre, un mensaje positivo, de esperanza. Porque lo próximo está siempre por llegar. Y lo próximo puede ser mejor o peor. Pero siempre será genial poder contarlo.
Lo que estoy leyendo
4.36 Estudia sin cesar como todo nace por cambio y acostúmbrate a pensar que nada desea tanto la naturaleza del todo como cambiar lo que es y hacer cosas nuevas que son iguales, (2) porque de alguna forma todo ser es semilla de lo que será a partir de él. (3) Tú te representas que son solo simientes las que se arrojan dentro de la tierra o de una matriz. Eso es vulgar por completo.
Para terminar la novela que quería terminar y he terminado en mi retiro en Oza, tuve que renunciar a leer los libros que me habían recomendado mi profesor de Yoga y mi profesora de Mindfulness. Aquí los tengo, muy presentes. Solo pude empezar, y voy por la mitad, el que yo había elegido para ese retiro: Meditaciones de Marco Aurelio. Hace mucho tiempo que quería leerlo, beber de la fuente original. Marco Aurelio, el más conocido de los estoicos, se despacha sobre lo humano y lo divino. Medita, por escrito, sobre todo lo que te puedas imaginar. Bueno, sobre lo que importa. Que es lo mismo ahora que hace dos mil años. Estoy aprendiendo mucho, divirtiéndome y actualizando algunos conceptos. Replanteándome otros. A su tiempo. Ahora entiendo mejor eso que dice Ramiro Calle: los estoicos son los yoguis de occidente. Me están entrando muchas ganas de volver a leer a Epicteto. Tengo que organizarme. También he empezado Diarios del agua de Roger Deakin que es el autor, también, de Diarios del bosque, libros de los que hablaré en los próximos artefactos y que comentaré en el Club de Lectura Medioambiental de la UMA en octubre. I love this game. Mientras tanto, busco alguna novela a la que hincarle el diente. Se admiten recomendaciones.
Lo que hemos visto
El documental Domingo Domingo cuenta la realidad del campo actual a partir de una historia particular. En tierras valencianas. Las multinacionales reciben lo suyo. Los agricultores, también. Una mirada cruda y sincera que solo tiene un par de posados que me molestaron bastante. Notable.
La canción de la semana
Juancho Marqués lleva más de veinte años escribiendo música. Te propongo que escuches (a ser posible en un equipo de verdad y no en los altavoces del móvil) su canción “Plataforma”. Encontrarás versos como “Siempre hay una excusa custodiando un vicio” o “Si el dolor me inspira no quiero escribir nada” con mucho saxo. Colaboración de El hombre Viento, uno de esos artistas que deberías seguir.

