2022 fue el año de la presbicia. Me hago mayor: ya no puedo leer la carta de un restaurante o las etiquetas de los alimentos sin gafas. Conservo todo el pelo, hago yoga dos días en semana y soy capaz de nadar un kilómetro. Telma me/nos saluda todas las mañanas con sus cosas de señora mayor enferma. Las limpio de buen humor porque significa que está. Se la ve mejor. ¿Cómo llegaremos nosotros a su edad? Hemos empezado el 2023 podando el jazmín, remodelando el despacho, limpiando los aloes, vaciando el armario que había junto a la entrada y reordenando la caseta mágica (que solo es mágica para nuestros sobrinos). Tengo una novela por escribir, nada importante, nada que importe. Si tengo que elegir, tú siempre ganas.
Había una vez un libro entre las llamas. ¿Debería empezar así? Quién sabe, siempre es muy difícil la primera frase. Todas las decisiones flaquean y solo la duda pervive. Ella, la duda, convierte el pasado en palabras que podrían decir la verdad o la mentira y ella, la duda, me…

