¿Eres docente en un instituto? 📚
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Un trocito de vida
El entrevistador entrevistado
Me entrevista Víctor A. Gómez para La Opinión de Málaga. Por nuestra conversación, intuyo que ha buceado en estos artefactos, que ha leído mi biografía, incluso la novela. Otros periodistas no lo hacen. Me fascina el resultado final. La entrevista, una vez publicada, no tiene nada que ver con lo que sucedió en realidad. Y, sin embargo, son mis palabras. Es mi biografía. Es la novela que yo he escrito. Gómez lo ha hilvanado todo, de tal manera, que hasta parece atractivo.
Ahora soy yo el que está al otro lado. Como Alicia a través del espejo. Podría rizar el rizo diciendo que hay espejos de una sola dirección. Y ya estaría dicho.
Han llegado las primeras reacciones lectoras a Las malas películas. Gracias, de verdad, por vuestras palabras. Esas sí que no me atrevo a publicarlas.
Una cita
Las letras y los profesores que nos cambian la vida
Pedro Ramos (Entrevías, Madrid, 1973) reside desde hace años en un pequeño pueblo de Málaga. «Allí leo todo lo que puedo, escribo y cuido de mi jardín», asegura. Allí, precisamente, apareció Felixa, una gata que no es suya pero que tiene en esa casa su refugio («Es más rápida que Google y más divertida que ChatGPT», dice), y allí también se encontró, dice, con un ewok, que precisamente le sirvió para ganar el Premio Edebé de Literatura Juvenil con 'Un ewok en el jardín' (2022). Ahora, desde ese mismo jardín, lanza 'Las malas películas' (Edebé, 2024), una sencilla y muy autobiográfica historia por el poder transformador de los libros y las personas.
«Yo tenía quince años cuando mi vida explotó por los aires. No fue una explosión de verdad; es lo que el profe de Lengua llamaría una metáfora. Él tuvo un papel importante en esta historia. Era nuevo y todavía no me había cogido manía, como el resto de los profesores». Así comienza la novela. Quien habla es Marcos, un alumno conflictivo con una situación familiar de maltrato; a quien nos presenta es a Alfonso, uno de sus docentes, que acaba de separarse y se ha mudado a su antiguo barrio, cerca del instituto en el que le ha tocado plaza de interino. Ese encuentro marcará por siempre la vida del chaval. «Alfonso cambia la vida de Marcos porque no se dedica a hacer su trabajo, sino que va más allá. Yo quería, sobre todo, reivindicar ese tipo de personas (y a los profesores en particular): los que buscan el beneficio de los demás a través de sus acciones cotidianas, sea en el trabajo, en un paseo o en la vida en general. Elegí la Educación porque, como la Sanidad, es uno de los sectores que más ha empeorado en los últimos tiempos. Y la culpa no es precisamente de los profesores. Bueno, de algunos sí. También aparecen en la novela», explica Ramos.
Autobiográfico
Sentencia que es su texto más autobiográfico y aunque nos da algo de apuro preguntarle, él responde sin ambages: «Sí, yo tuve un padre alcohólico». Pero también tuvo un profesor como Alfonso, «incluso dos»: «Esas personas que creen en el poder transformador de los libros. Y gracias a ellos hoy estoy aquí, no me cansaré de decirlo».
Y es que la semblanza biográfica del autor es singular: «A los 16 años empecé a trabajar, pero seguí estudiando. Fui a la universidad (becado) mientras trabajaba como conserje, botones, relaciones públicas, reponedor, dependiente… hasta que obtuve el título de Licenciado con Grado de sobresaliente. Entonces fui geólogo, participé en tres campañas oceanográficas a bordo del BIO Hespérides y lo dejé para ser diseñador gráfico, luego, publicista. Y seguía sin encontrarme. Así que empecé a colaborar en talleres de escritura creativa. Desde entonces, leo, escribo y sueño».
Esos profesores influyentes le llevaron hasta donde está hoy: «Ellos, sin usar estas palabras, me enseñaron que el estudio y la reflexión son la mejor forma de proyectar tu talento y liberarte de las falacias con las que se manipulan a las masas semianalfabetas (muchos de cuyos integrantes buscan anestesiarse con el alcohol). A mí, además, me ha servido para ascender socialmente. Era un chico de Entrevías y ahora vivo en un chalet a siete minutos del mar [Risas]».
Como muchos otros, Pedro Ramos escribe como terapia. Pero en su caso, por los temas y tonos que selecciona (ha firmado novelas sobre las pantallas y los adolescentes, la salud mental en esa etapa vital tan crucial, un chaval con TEA y otra acosada por internet) parece que también busca ser útil de alguna manera. «Como escritor, tengo el compromiso de contar historias de una forma que antes nadie lo hubiera hecho. Como persona, tengo el compromiso de hacer que el mundo sea un poquito mejor. Mis libros surgen de la unión de estos dos compromisos», razona.
Adolescentes
Ramos ha superado la barrera de los 50 años pero cualquiera que lea sus libros percibirá conexión cristalina, directa y sin subterfugios, que tiene con sus lectores, tres décadas más jóvenes. ¿Cómo se dirige una persona adulta o de edad madura como nosotros somos a un adolescente o joven sin sonar condescendiente, sin que parezca un sermón o un consejo no pedido? «Cuando hablo con ellos digo las mismas tonterías que estoy diciendo ahora mismo. Incluso con las mismas palabras. Parece que aprecian la sinceridad. En mis novelas, simplemente me dedico a contar historias. El que quiera (o el que pueda) que saque sus propias conclusiones».
El madrileño también ejerce la docencia: es profesor de Escritura Creativa. Quizás, de alguna manera, secreta, aspire a ser como fue para él su Alfonso: «Sería mejor que eso lo contestaran los participantes en mis talleres. Pásate cualquier martes por la biblioteca Canovas del Castillo y vemos lo que piensan. O los miércoles por el Centro Cultural Pablo Ruiz Picasso de Torremolinos. A mí no dejan de sorprenderme». Por cierto, ¿habrá leído Las malas películas la o las personas que lo inspiraron? «No, ni creo que lo haga. Supongo que mis profesores de aquella época ya se habrán jubilado. O cosas peores. No lo sé porque nunca mantuve el contacto con ellos. Hace un millón de años que no voy por Entrevías y no sé si mis libros están en el instituto donde yo estudié». Ojalá sí lo estén. Sería el mejor final para esta historia.
Víctor A. Gómez | La Opinión de Málaga | 2024-09-30
Bonus track
Si has llegado hasta aquí, te mereces un premio: este es el esquema de Las malas películas. Léela y comentamos.


