Telma no está. La echo mucho de menos. Cuando nos metemos en la cama y pasan esos segundos en los que todavía esperamos notar su cuerpo junto al nuestro. Cuando te marchas a trabajar y me quedo solo, completamente solo, en una casa que ahora me parece demasiado vacía. Cuando paso por la cocina y mi mirada no encuentra el comedero. Cuando vuelvo del jardín, con precaución de no pisarla, por si estuviera bebiendo en uno de los muchos puntos de agua que insististe en poner al final. Cuando entro en el salón y miro su hueco en el sofá, donde se fue haciendo pequeña, cada vez más, desde que le dio el jamacuco.
Podría decir “Se fue haciendo pequeña hasta desaparecer”. Sería bello, sería una buena frase para un texto de ficción, incluso podría funcionar como trama para un cuento o una de esas historias que nos contamos a nosotros mismos. Pero no fue así. La llevamos juntos, en el cerulian, al veterinario. Y tú te marchaste a trabajar. De nuevo me tocó a mí tomar la decisión. Tú ya lo habías h…


