Un pelícano común de lo más común
Esta semana tocó Sevilla. Provincia de. Aznalcollar, Burgillos y Castillo de las Guardas. Todo más difícil porque RENFE, mensaje va mensaje viene, todavía no ha arreglado un tramo de vía y, hasta Antequera, tienes que ir en autobús. Desde allí en AVANT hasta la ciudad de los naranjos, noche en un hotel metido en reformas, con un olivo milenario en el jardín y un desayuno aceptable. Merece la pena por participar en uno de esos proyectos necesarios, El placer de leer, que fomenta la lectura en pueblos de toda la provincia de Sevilla. Ole.
En unos de los encuentros, mientras hablábamos de Las malas películas, la profesora me preguntó por los teléfonos móviles y las mal llamadas redes sociales. Conté aquello de que es una herramienta y de que somos nosotros quienes tenemos que dominarlas a ellas, no al revés. Para rematar les pregunté qué pensarían si un amigo suyo estuviera todo el rato con la cabeza metida en un libro o si uno de sus padres saliera cada cinco minutos a comprobar si le ha llegado carta al buzón. Situaciones anacrónicas, pero resultonas. Una niña levantó la mano para contarme, a mí y a toda la clase, que era su padre quien no se despegaba del móvil durante la comida en familia.
—Los padres son lo peor —acerté a decir y la clase estalló en risas.
Nos reímos cuando la verdad aflora con tanta fuerza que es insostenible. La mayoría de los mayores (que no adultos, porque eso implica ser responsable) pasan más tiempo del que sería sano para su salud mental con la cabeza metida en su minipantalla. Cuando sacan a pasear al perro, cuando caminan por la senda, entre serie y serie en el gimnasio. Los efectos secundarios no me apetece enumerarlos. Mi abuela malgastó sus últimos años frente a un televisor encendido. Ahora llevamos la caja tonta en el bolsillo.
Otro chiste: dado el nivel actual, no es necesario ser un pelícano excepcional para despuntar. María, desde Murcia, me envía una foto que, en sus propias palabras, “seguro que te va a gustar”. Es de una lectora que participó en el encuentro que hice sobre Código 9. En el IES Mariano Baquero también tienen un proyecto de esos de los que te sientes orgulloso y piensas “Quiero formar parte”.
Y, también esta semana, me he enterado de que se está hablando muy bien de Atlántico. Un daño colateral de no estar en las redes es que uno no se entera ni de lo bueno (poco) ni de lo malo (demasiado) que abunda en este vertedero digital.
Las novedades de este febrero de @grupoedebe traen muy gratas sorpresas. Una nueva novela de #PedroRamos. Que ya nos emocionó y nos descolocó con “Un Ewok en el jardín”. “Atlántico” es una cuenta pendiente. Es una mirada hacia atrás. Una relectura. Un túnel en el tiempo (y en la memoria) que nos traslada a aquella tragedia (una de tantas, nunca mais, el pueblo que se salva) que tantas veces hemos visto “replicada” desde entonces. El covid, la DANA, Adamuz... “saldremos mejores”... O no. La tragedia del Prestige. La marea negra que cubrió la costa gallega, hasta hacerla casi agonizar. La marea blanca de voluntarios enfundados en monos protectores quitando chapapote de la arena. Y en medio de todo esto un joven, Lucas, busca su destino, tantea, escucha, huye, regresa, se abre, vuelve a sus raíces y proyecta su futuro.
No es una novela fácil. Este es un libro exigente. Puede no parecerlo en su brevedad, en sus frases cortas, cortantes a veces. Puede no parecerlo en su historia sencilla (que no simple) en los pequeños acontecimientos de la vida adolescente de un muchacho de pueblo frente a los Acontecimientos Trágicos que flotan en el trasfondo... Una novela y un lenguaje fragmentario, roto. Trocito a trocito (como el viejo Man con sus esculturas) va componiendo el paisaje de una costa salvaje y escarpada que es el principio y el final del mundo. Una novela que habla de AMOR... no de amor romántico... o también. Sino de AMOR en toda su complejidad... a la tierra, a la familia, al paisaje, a la belleza... La segunda parte es casi un informe, un reportaje periodístico, un acta notarial... Y al final un camino que se bifurca. Una decisión. Una vida por comenzar. Me ha impresionado esta novela porque no es una historia de conflictos ni de palabras gruesas ni de tensiones no resueltas. Es una historia de insinuaciones, de palabras a medio pronunciar, del lenguaje torpe del extranjero, del lenguaje torpe del adolescente, del lenguaje torpe del amor. Muy muy recomendable para “abrir” caminos, para proponer retos... para dejar que los jóvenes se enfrenten a historias que les cuestionen y les provoquen.
Lo firma Pepe Trivez, que ha tenido la amabilidad de enviármelo por correo electrónico. Cuando le escribí para darle las gracias me respondió que recientemente había estado con el “maestro” Daniel Nesquens. Las comillas son suyas. Nesquens sabe mucho de este oficio, en el que lleva años peleando. Y todavía conserva el sentido del humor. Grande.
No era un pájaro corriente, qué va.
Tampoco era un charrán ártico, ni una golondrina colicuadrada. Era un pelícano común.
A simple vista nada lo diferenciaba del resto de los individuos de su especie: el mismo pico alargado de color anaranjado; misma papada tan llamativa; patas palmípedas para impulsarse dentro del agua con facilidad y elegancia; alas terminadas en unas plumas negras, alargadas; y la misma forma de volar.
Y aunque era un pelícano común de lo más común, tenía, eso sí, algo fuera de lo común. Lo que lo diferenciaba de todos los demás, incluso del resto de pájaros del mundo, era su trabajo. Aquella ave acuática trabajaba de caja fuerte. De lunes a domingo, festivos incluidos.
Comenzó trabajando para un banco privado, muy exclusivo, en una pequeña ciudad suiza, de Suiza. Aterrizó justo en la puerta. Una de esas giratorias con láminas de cristal. Dio diez vueltas completas y dos volteretas extras. Finalmente entró algo mareado.
—Quiero hablar con el director —le dijo a la cajera.
La cajera, tras comunicarse con el mismísimo director a través de un interfono antiguo, una reliquia de las transmisiones que aún cumplía su papel…
Así empieza el primero de sus Cuentos imposibles, el de un pelícano que quiere trabajar como caja fuerte. Escrito a cuatro manos con Pepe Serrano es una muestra de lo que nunca seré capaz de hacer. Qué envidia.
Parece que fue ayer. Han publicado el resumen de la entrega de los Premios Fiction Express 2026. “Aftermovie” lo llaman. Un montón de emociones y buenos deseos en poco más de un minuto. Un bonito recuerdo.


