Un lenguaje interno de intimidad
Cuanto más familiares se vuelven dos personas, más se desvía su lenguaje del discurso ordinario definido por el diccionario. La familiaridad crea un nuevo lenguaje, un lenguaje interno de intimidad que hace referencia a la historia que los dos amantes están tejiendo juntos y que no puede ser fácilmente entendido por otros.
Alain de Botton
El año no ha empezado bien. Un virus demasiado cariñoso se ha venido a vivir con nosotros y hemos pasado quince días de congestión y mocos. Parece que ya nos hemos despedido de él, pero cuando menos te lo esperas, Lau tose que parece que se va a dar la vuelta. O soy yo quien arranca algo que se te queda pegado en la garganta y no te pertenece. Hacía años que no nos poníamos enfermos. Sí, algún resfriado, pero con una tarde en cama, todo solucionado. No nos damos cuenta de lo frágiles que somos hasta que la enfermedad asoma su patita. En este tiempo, no he tenido la cabeza para escribir, ni los pulmones para correr. Consecuencia: problemas para dormir. Afortunadamente, no soy de los que pierde el apetito. Y creo que esto es fundamental para una recuperación rápida.
La semana pasada volvimos a yoga y me pareció tan duro como subir un ocho mil. Cómo lo echaba de menos. Del ejercicio que practico, es el que mejor me hace sentir. Con diferencia. Y cuyo beneficio me parece más evidente. Esta semana, además, he vuelto a ponerme las zapatillas para correr media hora en zona dos. Y escrito el segundo capítulo de “Una historia sin filtros”. Parece que vuelvo a mi rutina. Me encanta la rutina. Sé que todavía no estoy al cien por cien, pero poco a poco voy alcanzando la velocidad de crucero después de la zancadilla navideña. Escribir un ratito, hacer ejercicio, mantener la casa recogida, acariciar a Felixa, tocar el piano, preparar la comida, leer junto a Lau, dormitar con ella, leer otro poco, escaparnos sin salir de casa. Este fin de semana vamos a hacer panes, bizcocho y preparar la comida para la semana que viene, que luego nos pilla el toro. Tenemos, también, que podar el jazmín, los rosales. Veremos alguna película. Tocan las candidatas a los Goya. Y dormir, dormir uno junto al otro sin poner el despertador. Dicen que este fin de semana lloverá. ¿Qué nos importa? Esta siendo el invierno más frío y lluvioso desde que nos vinimos a Málaga y, cada vez que uno se queja, él otro responde:
—Pues nos mudamos.


