Un árbol no es peligroso, pero el bosque sí
El rey de la casa, Simba, no para de rascarse el collar antipulgas y se le ha caído el pelo en el cuello. No sabemos si de tanto rascarse o por una reacción alérgica. Sigue escribiendo conmigo todas las mañanas. Le gusta tumbarse entre mis brazos, contra mi pecho, y de vez en cuando se estira inverosímil para impedir que yo acierte con la tecla adecuada. Ronronea. Se mueve molesto cuando separo un brazo para usar el trackpad. Su segunda posición favorita en el escritorio es hacerse un ovillo sobre el manuscrito de la primera parte de la novela de los surfistas. La terminé en Navidades y desde entonces llevo peleándome con la segunda que, por fin, está encauzada. Un par de revisiones para que suene como la primera (lo que me ha costado) y al cajón. Estoy deseando ponerme con la siguiente. La del robot, así me refiero a ella cuando se la cuento a Lau. Entre encuentro y encuentro, la mayoría en la provincia de Málaga, firma de libros en Málaga el próximo día 2 y en Vélez el día 9, espero llegar a tiempo para el Premio.


