En el jardín, todavía pueden verse los efectos de la granizada. Mutiló brotes del jazmín, agujereó hojas, laceró otras. Las suculentas han quedado marcadas como por cientos de picaduras. Los frutos, diminutos, del clementino, también. Varios limones, del tamaño de mi pulgar, yacen sobre la corteza de pino, en la base del limonero, entre flores marchitas.
Salgo a pasear. Solo. Son las 16:30 de un lunes, finales de abril. Hace una temperatura agradable para caminar. Elijo, de los tres paseos que tenemos, el de la hípica. Ayer hicimos juntos el de los eucaliptos. Hoy te has ido a trabajar y yo necesito caminar para ordenar mis ideas. Coger aire. He releído el capítulo de la soledad de Walden. El libro pierde fuerza. Puedes encontrar alguna idea aquí o allá, pero carece de un hilo que lo sostenga y, sin esta tensión, ni siquiera el hilo de una idea, una hipótesis que tenga que ser rebatida, es fácil abandonarlo. La excusa de la trama. Además, no es una prosa que te subyugue.
Hace poco me h…

