La voz que hay dentro de tu cabeza







Me lo pasé muy bien el sábado, en la Feria del libro de Vélez-Málaga. La culpa la tiene un profesor, Antonio García Romero, que les dijo a sus alumnos que yo iba a estar por allí. Los adolescentes se acercaron a hacerse fotos con el autor del libro que están leyendo en clase, Héroes, y muchos (tantos que se terminaron los ejemplares que había llevado la librería La Lonja) compraron la segunda parte, Héroes 2037, para averiguar qué pasa al final con Andrea y Hugo, Andrea y Teseo, Hugo y Teseo.
Algunos, miedo me dio, se acordaban de cosas que yo dije el año pasado en mi visita al IES Salvador Rueda para comentar con ellos Las malas películas. Este año estaré por allí el 29 de mayo gracias al Ministerio de Cultura. Tendré más cuidado con lo que diga. No, no creo que lo haga. Cuánto voy a echar de menos a Antonio cuando se jubile. Hacen falta más profesores así, capaces de contagiar su pasión por los libros a los adolescentes, de motivarlos a leer novelas, digamos, menos comerciales. Es más difícil, por supuesto. Pero tiene premio.
Y el domingo, 10 kilómetros por Salobreña. Segunda prueba en la que participo, primera que corremos juntos Lau y yo, del Gran Premio de Fondo de la Diputación de Granada. La organización, todavía peor que en Alhama de Granada. Un desastre. ¿Lo mejor? El ambiente. Más de 1.500 personas corriendo.
“Correr es 10% cardio y 90% negociar con la voz que hay dentro de tu cabeza rogándote que lo dejes”.
Lo dijo el corredor David Dack. Lau y yo lo llevamos pregonando mucho tiempo. Pero nadie nos escucha. Correr, o cualquier otra actividad que quieras hacer en la vida, va a ser boicoteada por tu mente. Otra de mis frases que luego escuchas por ahí y vas y te lo crees:
El cuerpo tiende a la horizontal y la mente, a la dispersión.
Me voy a hacer una camiseta. Creo que es la única forma de captar la atención. La realidad es esta: nuestros pensamientos se convierten en acciones (o no), estas se convierten en hábitos (o no) y nuestros hábitos (o no hábitos) forman nuestra personalidad. No es al revés. Yo no soy una persona disciplinada. Me he convertido en. Y pasado mañana puedo dejar de comportarme de esta manera. Es muy fácil: que le den vacaciones a Lau. Nuestros hábitos serían totalmente distintos.
Escribiría mucho menos. Demostrado. Es posible que no llegara a terminar la novela del robot y la abuela. Ahora que ya sé por donde va, que le den vacaciones a Lau y lo dejo todo. Con las cosas que dice. La abuela. Voy a intentar, también, poner en este libro mi agradecimiento a la música, a las miles de canciones que he escuchado, a los artistas que las crearon y a los técnicos que participaron en su grabación. Amor por la música. No estoy muy seguro de cómo hacerlo. Pero voy a intentarlo. Cada día, un poquito. Mientras Simba I “el intrépido” explora nuevos horizontes.



