Ir más lejos en el pensamiento de la vida
Me parece que solo logro avanzar realmente escribiendo, lo cual quizá sea una debilidad de mi parte. Me digo: no consigo llevar más lejos mi percepción de la realidad —de una pasión, de un momento, de un espectáculo, de un ser— si no es sirviéndome de la escritura. Es como si dijera que soy miope, como si mi propio pensamiento fuera miope, y la escritura me sirviera de gafas. Es decir, es con ella como consigo ir más lejos en el pensamiento de la vida.
Y cuando no escribo, me siento más tonta. Y a veces eso me parece aterrador. Entonces tengo una fantasía: si no escribiera, ¿quién sería?
Hélène Cixous
Le Bon plaisir d’Hélène Cixous
Con lo mal que he escrito sobre RENFE en estos artefactos, hoy quiero escribir que se han portado muy educadamente y, con la que les está cayendo, demasiado tranquilos.
A las 8 AM, yo y todos mis mis billetes impresos, entramos en las oficinas de la estación María Zambrano, la poeta filósofa, para pedirles que me aclarasen:
Si era verdad que mi tren circulaba.
¿Qué trenes de los que me habían dicho que todavía circulaban habían dejado de circular?
A la pregunta número 1, un señor bastante cansado y con un unicornio verde agazapado bajo su monitor (es totalmente cierto, no es ninguna licencia literaria), me contestó con un rotundo “Sí. Si RENFE le vende un billete de este tipo es porque puede cumplir los horarios. Eso sí, tendrá que ir en autobús el primer tramo hasta Antequera”. Se lo agradecí, aunque solo fuera verdad la última parte y no me dijera, porque no lo sabía o porque no quería asustarme, que en Córdoba tendríamos que volver a bajarnos del tren para tomar un autobús hasta Villanueva de Córdoba y desde allí seguir en tren hasta Madrid-Puerta de Atocha.
A la pregunta número 2, con la misma seguridad, el señor del unicornio me dijo qué trenes se habían cancelado: todos. Y que podía pedir el reembolso o cambiarlos en las ventanillas que tenía detrás de mí.
Lo bueno de hacer este tipo de gestiones a las 8 AM es que no tienes que esperar cola. Saque número, porque eso sí que hay que hacerlo aunque la sala esté vacía, y me llamaron inmediatamente. La señora que había al otro lado del cristal recibió mis buenos días con una sonrisa y me explicó, muy despacio y con calma, que no había ninguna alternativa a mis trenes cancelados en los próximos días.
—Es decir, que puedo volver de León a Madrid, pero no de Madrid a Málaga.
—Eso es —me confirmo sin inmutarse.
Como tenía un plan B, yo tampoco me inmuté, que no es lo mismo que sentir indiferencia.
—Pues querría el reembolso.
Dicho y hecho. En menos de un minuto me habían devuelto el importe de mi billete de regreso (sí, a veces RENFE también hace estas cosas) y me dirigí a la cafetería para tomarme un expreso y comprar online un billete de autobús para el sábado a las 3 PM. Consulta que había hecho el día anterior. Nota: ALSA ha reforzado el trayecto y no ha duplicado los precios como han hecho las compañías aéreas.
Con el billete comprado (o eso creo porque la página web falló cuando ya me habían cobrado el importe, pero todavía no me habían dado el localizador y no me ha llegado un correo de confirmación), solo quedaba esperar a averiguar de qué parte de la vía seis, con sus railes y demás cosas para trenes, salía el autobús que nos tenía que llevar a Antequera. Esta pregunta me la hacía yo y todas las personas que estábamos allí amontonados esperando, algunos más nerviosos que otros.
Llegada la hora de la salida del tren, se resolvió el misterio:
—Salgan por esa puerta lateral. El autobús les está esperando fuera.
Era cierto.
De camino a Antequera, me dio tiempo a escuchar con atención el álbum 10 locos años descalzos de Pedro Pastor, una recopilación donde se junta con un montón de amigos y que mi amigo y lector Alonso compartió conmigo la semana pasada. Gracias, Pato. En Antequera, nos subimos a un tren y de allí para Córdoba. Qué bonito está el campo, todo verde con su agua por todos lados, sus árboles arrancados y los bosques que parecen que van a comerte. Así hasta Córdoba, donde había personas humanas vestidas de RENFE que nos condujeron amablemente desde el andén al siguiente autobús que teníamos que tomar.
Y desde allí a Villanueva de Córdoba. Y yo mirando por la ventana y pensando “Qué poco le importan a las ovejas, a las vacas y a los cerdos negros que retozan bajo las encinas que haya llovido como nunca porque los seres humanos somos unos egoístas descreídos y, como deje escrito en El coleccionista de besos y me lo recordó Alicia el otro día, unos monos dopamínicos”. Esto pensaba de camino a Villanueva de Córdoba. ¿Y por qué a este pueblo? En el autobús tuve tiempo de averiguarlo: porque a quien se le ocurrió poner una estación allí, lo hizo anticipándose a esta situación. Inverosímil. Cuando se diseñó el trazado del AVE Madrid-Málaga y el ingeniero (supongo que sería alguien con estudios) eligió construir la estación en Villanueva de Córdoba, entre encinas y olivos, le preguntaron “¿Por qué ahí?”. Y el respondió “Para que el 12 de febrero de 2026, seis autobuses cargados de personas desembarquen allí rumbo a Madrid”. Y su profecía se ha cumplido.
La realidad supera la ficción:


