Debe ser la palabra más maltratada del diccionario: experiencia. Ahora los turistas ya no se desplazan, buscan una “experiencia”. He escrito “los turistas ya no se desplazan” porque no voy a utilizar “turistas” y “viajar” en la misma frase. Los turistas se desplazan en coche, en avión, en tren, en barco. Desde su ciudad de origen a su punto de destino. Marcan los puntos a visitar en un mapa y se hacen selfis de espaldas a ellos. No los contemplan, no los observan; los fotografían. Los más osados reservan uno de sus días para “la ruta secreta”, que recorren junto a otros treinta intrépidos, o una degustación de productos tradicionales que, sean o no genuinos, tienen unos precios auténticos. Y, para los más valientes, todavía tenemos experiencias más radicales: paseos a caballo, descensos en piragua, tirolina, puenting… Sea cual sea la opción elegida, después y/o durante, una nueva fotografía que el turista comparte inmediatamente para dar fe de lo que acaba de hacer. Fin de la experien…
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