Ha muerto un poeta, de los de guitarra eléctrica. Él era el único que me entendía aquellas tardes en Cáceres, cuando salíamos del cuartel en estampida y nos escondíamos en tugurios malolientes, donde hacía durar mi mini de cerveza, mientras miraba de reojo a la camarera y ululaba “So payaso”. Con la hora justa volvíamos en coche, seis o siete reclutas a…
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