El Quijote no es para tanto
El viernes pasado estuve en Cártama, en dos IES. Todo bien. Allí estaba Cristina, que no es la primera vez que me llama. Fue todo tan fácil. Hablamos de Atlántico. Y quizá por eso. Hacer una novela con el mayor desastre ecológico de nuestra historia reciente. Con la muerte de un hombre que significaba más que un hombre. Tener que contar una historia. La de Lucas. Gracias a Yolanda. Parece fácil.
¿Y ahora qué?
Esta semana ha sido oscura. Ahora que por fin puedo quedarme en casa para escribir, resulta que no tengo historia. Podría seguir escribiendo conversaciones entre la abuela y el robot, ¿hacia dónde? Por muy divertidas, incluso ilustrativas que sean, tienen que llevar a algún sitio. Y no he encontrado esa dirección. El otro día, al teléfono, se lo comentaba a Alfonso: la abuela se ha metido en un callejón sin salida. Creí que podría dar marcha atrás y volver a la calle principal. Pero no ha sido así. Ahora estoy convencido. Quizá es algo tan sencillo como que no quiero que la abuela muera. Quizá sea algo más complicado.


