Sábado, décimo día de la cuarentena.
A las siete, la gata maúlla. Vuelvo a dormirme.
A las nueve, la cabeza de Lau, con mascarilla, aparece en la habitación. Tengo sueño, digo. Vale, responde antes de desaparecer. Vuelvo a dormirme.
A las diez, un niño grita como si le estuvieran sacrificando. Deberían. Me doy la vuelta en la cama, hacia el lado de Lau y, …


