Diario de un positivo
Envío 5. Jueves, primer día de la cuarentena. 1/2
Despierto solo en nuestra cama. Lau ha ocupado la habitación de invitados y ha dormido con la puerta cerrada. Me siento extraño. Saber que está en la habitación contigua, tan cerca. Telma entra con su maullido exigente, la acarició y se tumba sobre mis chanclas. Todavía doy vueltas en la cama con estos pensamientos. Y otros. ¿Síntomas? Ninguno. Quizá un leve picor de garganta. Me levanto a las ocho. Abro la puerta para observar a Lau que finge seguir dormida. Me preparo una infusión de jengibre con limón y una galleta de las que ponen en los bares como cortesía. Suelo guardármelas para estos momentos.
De vuelta al piso superior, charlo con Lau cinco minutos. Ha pasado buena noche. Ningún síntoma. Dice que va a levantarse. Son solo las ocho, digo. Lee un poco. No ha empezado el día y ya está aburrida. Este no era el plan, parece decir. Yo ahora tendría que estar impartiendo clases, no aquí. Me pide que no me acerque, que cierre la puerta. Súbeme una mascarilla, por favor. De las que no aprietan. Bajo. Subo. Se la dejo sobre el zapatero de la habitación de invitados. Sal, dice. Salte, si no no vale nada lo que estamos haciendo. Me cuesta obedecerla. No tengo miedo, pero tiene razón. Puede que ya me haya contagiado, incluso que lo haya pasado, pero ¿y si se ha contagiado hace poco y yo todavía no me he expuesto? Si yo también caigo enfermo, ¿quién cuidará de nosotros? Por ahora ninguno tenemos síntomas graves, pero ¿y si uno de los dos los desarrolla?
Me siento frente al ordenador e intento aclarar mis ideas, los acontecimientos del día anterior. A las nueve Lau aparece frente a la puerta de mi despacho. La he dejado abierta adrede. Lleva puesta la mascarilla y los ojos tristes. Creo que deberíamos avisar a todo el mundo, dice. Vale, después de desayunar lo hacemos, contesto. Me arrepiento de haber ido a Coruña, dice. Asiento. Ahora ya no podemos hacer nada, insisto. Por mucho que pienses en ello. Además, yo creo que lo has cogido aquí. Aún así, tenemos que avisarles, termina la conversación.
Es eso lo que le pesa. Se encuentra bien, pero está agobiada por la responsabilidad. Cree que puede haber contagiado a alguno de nuestros amigos, alguna de las personas con las que hemos estado en contacto durante el viaje. La carga viral es baja, está al principio o al final del proceso, yo creo que está al principio, me repito. Ayer, cuando intentaba bromear sobre dónde lo podía haber cogido, ella dijo Aguadulce. No pude evitar la sonrisa al recordar al camarero, a sus paisanos, sin mascarilla, con el aire acondicionado, cómo se agobió Lau y no quiso tomar café. Comimos un abanico ibérico de bellota excelente, media ración de cazón en adobo y una de tomate aliñado. Pero al final entró un matrimonio y se puso a hablar con el camarero en la barra, sin mascarilla ninguno de ellos, y fue cuando Lau se puso nerviosa y tuvimos que marcharnos. ¿De verdad fue allí? De haber sido allí, Lau llevaría seis días infectada. Para todos los efectos, esta es la primera mañana de nuestra cuarentena.
Recibo el primer correo spam ofreciéndome Test rápido de COVID-19. Una caja de cuarenta unidades, 1.250 $ más IVA. También es casualidad que ayer estuviese buscando información sobre qué hacer cuando uno da positivo en coronavirus. Piensa mal y acertarás. La propuesta tiene una validez de sólo tres días.
Desayunamos en el jardín. Lau sigue intentando ponerse en contacto con un humano. Por teléfono o por internet. Su hermana y sus dos amigas ya tienen cita para hacerse la PCR. Mañana. Esa es la diferencia entre ser mutualista, sanidad privada que en este caso pagará la Comunidad de Madrid porque son funcionarias, y depender de la salud pública, el caso de cualquier trabajador por cuenta ajena. En el caso de Lau, nos queda el consuelo, de que estará de baja y seguirá cobrando su sueldo. En mi caso, autónomo, si cayera enfermo, ¿para qué serviría todo lo que he cotizado?
Avisamos a todas las personas con las que hemos estado en “contacto estrecho” estos últimos quince días. Lau recibe varios mensajes de ánimo y alguna llamada. La noto un poco más animada. Se ha quitado un peso de encima. Su grupo sanguíneo es 0-, según ha leído, es más resistente al coronavirus. Quizá por eso lo esté llevando así de bien. Busco un artículo sobre este tema. Encuentro la confirmación, unas declaraciones de Cristina Arbona, vocal de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH) y directora del centro de salud de Transfusiones de la Comunidad Valenciana, para la revista Redacción Médica. Se han realizado varios estudios que confirman que “las personas con sangre tipo O tienen entre un 9 y un 18 por ciento menos de probabilidades de padecer el Covid-19” y que, en caso de padecerlo, “se demuestra una variación considerable en el comportamiento de la enfermedad entre los pacientes infectados con el síndrome respiratorio agudo severo y ciertos factores genéticos”. Las personas de grupo sanguíneo A son más propensas a desarrollar la complicación grave respiratoria. Yo creo que soy O+.
Realizo el test de Autoevaluación del COVID-19 en la página web del Servicio Andaluz de Salud. Tras introducir un documento de identificación y mi número de teléfono, respondo a una serie de preguntas sobre los síntomas. Respondo que sí, que tengo mucosidad, dolor de garganta y he estado en contacto con un positivo. Este es el diagnóstico:
“La información que ha aportado sugiere sintomatología compatible con coronavirus. La mayoría de las personas presentan un cuadro leve y pueden permanecer en su domicilio. Le recordamos que está disponible la línea sobre coronavirus en el teléfono gratuito 900 400 061. También puede pedir cita para una consulta telefónica con sus profesionales de atención primaria. Si su situación respiratoria se altera bruscamente en las próximas horas, o tiene alguna otra emergencia, contacte con el teléfono provincial de urgencias. Le agradecemos de antemano el uso responsable de los servicios médicos y de atención telefónica. Además, puede generar una nueva autoevaluación transcurridas 12 horas”.
¿Qué se supone que debo hacer? ¿Quedarme en casa y esperar? ¿Autoevaluarme cada doce horas? ¿Se pondrán ellos en contacto conmigo? ¿Añadirán otro positivo a las estadísticas? Las últimas estimaciones indicaban que el 80% de los infectados lo pasan con síntomas leves, el 4% de los infectados, mueren. Llamamos a esta situación crisis sanitaria porque no tenemos un precedente peor. La realidad es que no estamos preparados ni para este pequeño contratiempo.
Según los números que publicó ayer Axarquíaplus, “el número de casos activos en estos momentos en el total de los 31 municipios de la comarca de la Axarquía ascienden a 191”. En Vélez-Málaga, la comarca a la que nosotros pertenecemos, 101 activos. Desde el inicio de la pandemia se han registrado 251 positivos. 136 se han recuperado, 14 han fallecido. La realidad es que el contestador automático le dice a Lau que su centro de salud está saturado, que lo intente en Torre del Mar. El contestador del centro de salud de Torre del Mar suena igual que todos los anteriores. Decidimos dejar de intentarlo. Desamparados, pero sin problemas respiratorios. He oído toser un par de veces a Lau, ella dice que son mocos. Bueno, es lo que hay, digo. Esperemos que no vaya a más. Y, si fuera, ¿la respuesta del 112 sería la misma? Espero no tener que comprobarlo.
Leo la noticia de que el viernes, mañana, empezarán a realizarse test rápidos a todos los profesores, personal de administración y servicios, monitores, personal de integración social o intérpretes de lenguaje de signos. Antes de su incorporación a las aulas. La noticia habla de las escuelas infantiles, colegios e institutos de la provincia de Málaga. Las personas que den positivo, tendrán que realizarse una prueba PCR y, supongo, no se incorporarán a su puesto de trabajo hasta confirmarse el negativo. ¿Están preparados los centros educativos para sustituir a todos los empleados que van a dar positivo?

