Sábado, tercer día de la cuarentena.
Me despierto sobre las nueve. La ventana está abierta y entra una brisa fría que me ha obligado a levantarme y cerrar la ventana. Parece mentira que anoche estuviéramos a treinta grados. Lau grita desde el descansillo si nos ponemos con la alberca. Respondo que no, que quiero dormir. Espero por si se atreve a entrar a la habitación, pero no lo hace. Escucho una puerta cerrarse, supongo que es la de la habitación de invitados. Podría ser la del baño. Me doy la vuelta y vuelvo a quedarme dormido.
Cuando me despierto, araño la puerta de Lau. Está despierta. ¿Desayunamos?, pregunto. Tengo muchísima hambre, contesta. El libro Jardines de Umberto Pasti está sobre la cama. ¿Has leído? Sí. Corto menta de las jardineras y preparo un té verde con ella. Tostadas. De fruta, paraguaya y manguitas de las que compraron Raquel y sus amigas, nosotros no pagaríamos lo que piden por ellas. Ha vuelto la brisa fresca de la mañana anterior. La estación meteorológica indic…


