Dormimos hasta tarde, que no son más de las diez. Hacemos una clase de Pilates. Uno en cada extremo del patio. Lau se quita la mascarilla y dice, en voz baja, que no va a explicarme cada movimiento, que la siga. Me sobrevalora. La ralentizo. Lo suyo son posturas, lo mío, muecas. Tiene la paciencia, pedagógica, para detenerse a explicarme qué parte de mi…
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