Lau vuelve frente a la puerta del despacho. Ha puesto en el descansillo, en una esquina junto a la barandilla, un taburete con un cojín, se sienta en él. Hablamos casi a cuatro metros de distancia, ella, con la mascarilla, yo parapetado detrás de la pantalla del ordenador. Una mala noticia: el encargado de las redes sociales de la clínica deportiva también está enfermo de COVID-19. Tiene náuseas y fiebre. Una buena noticia: Kasia, su compañera, con la que Lau estuvo tomando un café el lunes antes de saber el resultado, ha dado negativo. Alivio. Sé que lo que Lau siente ahora mismo es la más pura sensación de alivio. Todavía hay más: una de sus alumnas, a las que dio clase ese día, también ha dado negativo. Hice las cosas bien, dice frotándose las manos como si se las estuviera lavando. No me quité la mascarilla, me lavaba las manos antes y después de cada clase. Orgullo. Ahora es orgullo. Merecido. Ya ha escrito a su compañera para darle la enhorabuena en forma de aplausos, también ha…
© 2026 Pedro Ramos · Privacidad ∙ Términos ∙ Aviso de recolección
Substack es el hogar de la gran cultura


