Nos está costando coger el ritmo. Hablo en plural porque Lau está igual que yo. O eso dice. Son muchos ajustes, cosas que quieres hacer y no dejar de hacer. Prioridades. Ir juntos al gimnasio, a yoga, ayuda. Uno tira del uno y el otro tira del uno. Desde el verano, no he conseguido correr más de un día a la semana. El domingo, con Lau. Y por Lau. Es importante tener una pareja que te acompañe en este camino que es la vida. Miro a mi alrededor y veo algunas parejas que (a ver si se entiende la metáfora) toman cada uno un desvío para volver a encontrarse más adelante. Viven juntos, sí, pero es como si llevaran vidas paralelas. Claro que hay que tener momentos en los que uno es uno consigo mismo, pero incluso en esos momentos puedes seguir caminando junto al otro. ¿Me explico?
Este artefacto no es el que llevo planeando toda la semana. Había elegido embalsamar el domingo por la tarde, la visita de las excompañeras de Lau, con la excusa de conocer a los gatos. Me hubiera gustado mostrar, en modo escena, el recibimiento de Simba usando el arenero que hemos puesto en el jardín de Lau (creo que ha sido la primera vez y la única que lo ha usado) y como, entre risas y exclamaciones del tipo “¡Qué asco!, pero ¿qué comen estos gatos?”, yo hacía desaparecer la prueba del delito mientras respondía “Pienso sin cereales” y Lau añadía “Voy a tomarlo yo cuando esté estreñida”. Más risas.
La escena de domingo continuaría con una transición que desembocaría en la conversación donde Greta, la más joven de todas, contaba que ya está harta del centro de Málaga y se plantea mudarse lejos de los guiris y sus trolleys para llegar al momento más emotivo de la velada (el momento lentejas), cuando Carmen nos contó la anécdota en la que su padre, enfermo de demencia, decidió quedarse en la residencia. Pienso vampirizarlo para mi próximo relato por entregas, a partir de enero, con Fiction Express. Cuando lo escriba, se lo mando.
Ha llegado el sábado (!) y no he tenido tiempo de sentarme a desarrollar estas ideas. Aquí queda apuntado. Y ahora viene lo importante. ¿No he tenido tiempo? He elegido hacer otras cosas. Incluso de las que no me gustan. Modo oficina. Acabada y presentada la novela (a uno de esos Premios donde dicen que se leen todos los manuscritos), tocaba modo oficina. Qué poco me gustan este tipo de tareas. Pero hay que hacerlas. Objetivo: mejorar la web, hacer más accesible los cinco años de artefactos que hay aquí publicados. Le enseñé el mapa a Lau y se quedó con la boca abierta. Con un poco de suerte, la semana que viene puedo subirlo. Los artefactos se podrán navegar por fecha de publicación, por temática y los Suscriptores y Mecenas podrán acceder a un listado con todas las recomendaciones que he hecho en este tiempo. Más de 600. Un listado en el que hay: libros muy bien escritos más o menos populares y libros muy bien escritos que han pasado totalmente desapercibidos, tropecientas películas y series que merecen la pena ser recordadas, bandas sonoras para las próximas lecturas.
Es bueno tener un final hacia el que viajar; pero, al final, es el viaje lo que importa.
Ursula K. Le Guin
Organizar los artefactos me ha servido para recuperar algunos títulos que ya había olvidado y que me parecieron estupendos. Llevo media vida recomendando a la gente que lleve un diario de lecturas. Este es uno de los motivos. Si, además, como es mi caso, el diario está lleno de trocitos de vida resulta todavía más divertido volver a él. Aunque haya momentos tristes, que los hay, he disfrutado (re)visitándome y he podido apreciar los cambios. El más evidente: el puñado de gatos que ha pasado por nuestras vidas. El más sutil y desconcertante: el cambio en el decorado, este pueblo que ya no es tranquilo ni confortable. Y en nosotros, en nuestros hábitos. En los que fuimos.

