El pescadero lo tiene muy claro. No, los precios no van a dejar de subir, dice. Pero ya verás como no suben los sueldos. A continuación, bromea sobre la arena que se ha acumulado en nuestra puerta recién pintada. Arena. Esto son las bombas esas que tiran por ahí, dice, sonriendo con sus ojos grises, pequeños. Ayer no dejó de llover en todo el día. Y, esta noche, hemos tenido una tormenta de arena.
Nos falta la invasión alienígena, digo. ¿Habías visto alguna vez algo así?
Francisco, el pescadero, pasa un dedo por el capó de un coche.
¿Esto? Nunca. He visto que llueva y que se quede todo naranja. Eso sí. Pero es que ha llovido arena.
Me levanté temprano y, mientras preparaba la clase, contemplé el amanecer. El cielo estaba teñido de naranja. Ni azul ni gris, color melocotón. Después de la clase, contesté los correos y no le di más importancia. A la luz. Hasta la llegada de Francisco.
Esto lo respiras, continúa. Ahora sí que no te quites la mascarilla.
Toda la calle está cubierta de arena. Par…

